La ventaja de los anuncios Google Adwords, o Bing, es que son anuncios buscados por la gente. Es decir, interesan, se ven con interés y lo más importante, no molestan.
Si me tengo que ir de vacaciones a Burgos y busco en Google “hoteles en Burgos”, seguramente leeré con atención varios de los anuncios que se muestren y picaré en los que más me interesen.
Otra cosa muy distinta y que no puedo soportar son los anuncios intersticiales que te suelen soltar los periodicos online cuando abres tu página y que a mi personalmente me parecen como un bofetón. Me dan muchisima rabia, me molestan, y me hacen perder el tiempo. Para empezar los cierro en cuanto puedo, y si no puedo cerrarlos, ya que muchos ya se lo saben y no lo permiten, cambio de pagina, de pestaña o minimizo el explorador, hasta que el anuncio considere que ya me ha dado por saco el suficiente tiempo, y me deja leer las noticias.
Yo personalmente nunca les presto el menor interes, es más, me suelo acordar de las muelas del anunciante, por lo que en mi caso, eficacia y ROI cero. No se como les irá con el resto de los internautas.
Y otro anuncio que no puedo soportar, y que se me está repitiendo más que el ajo, es el anuncio de ganas de Otoño del Corte Inglés. No tengo nada en contra de Maria Callas ni de la ópera, y el asunto es que la canción me gusta. Pero después de que te la empaqueten si o si, una vez tras otra en cada telediario, antes del tiempo, despues del tiempo, en la sopa, en el postre y en la merienda, de lo que menos que dan ganas, es de ir a comprar los complementos de otoño del Corte Ingles. Y de lo que más, de tirar una zapatilla a la tele, que ya de por si veo poco, por cierto.
No puedo con el, no lo soporto y cada vez que se me mete en la cabeza la dichosa cancionita de marras, me prometo que no pisaré el Corte Ingles en todo el invierno.
Si estas dos medidas publicitarias tienen en los demás el mismo efecto contraproducente que a mi, lo llevan claro.
Por cierto. Si no voy equivocada, la cancion se llama Habanera, la canta Maria Callas y pertenece al primer acto de la opera Carmen, de Bizet. Por si a alguien le quedan ganas de volver a oirlo.
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